jueves, 21 de enero de 2016

Aviso

Queridos amigos que me acompañaron desde el comienzo:
en muy poco tiempo voy a estar borrando este blog y todos los grupos de facebook. No, no se asusten, porque es por una muy buena razón. Se está formando una página. No un blog, una verdadera página, que tendrá a su vez una página de facebook propia y un twitter. 
Guido me está dando una mano enorme diseñando todo y en muy poco tiempo la nueva página verá la luz.
TODO lo que he escrito en estos años estará allá, absolutamente todo.
Es hora de tomarme en serio y ordenar las historias como se lo merecen.
La página ya está creada, pero se está subiendo todo de a poquito. Ni bien esté terminada toda chuchi chuchi, pondré el link y luego, borraré este blog.
Muchas gracias por acompañarme estos años y espero que sigan estando conmigo en este nuevo emprendimiento <3 span="">

sábado, 2 de enero de 2016

Vorwort (Epílogo)

No tuve la necesidad de que hablaras para saber que habías regresado. Reconozco el sonido de tus pasos, inaudibles a los oídos normales. Puedo vislumbrar el brillo de tus ojos, aún cuando todo a mi alrededor está en penumbras. Pero, sobre todo, puedo sentir tu presencia.
Te espero en silencio, aguardando el momento en que me llegues a mi lado. La espera de tres horas se hizo eterna, no me gusta estar lejos de ti.
Y sé que sientes lo mismo, por la forma en que me abrazaste, apretándome contra tu pecho.
-Lo encontré. Y está muy cerca de aquí.
Es todo lo que dices. Y, casi sin separarnos, comenzamos a caminar por la calle solitaria, hasta llegar frente a una pequeña casa, cuyas paredes están cubiertas por musgo y enredaderas.
Sonrío.
-¿Qué te parece?
-Me gusta mucho.
-Es pequeña, pero nos servirá. Ven a verla por dentro…
Muy pocos muebles, una chimenea, libros… Si, era bastante pequeña, pero me pareció perfecta. No podía dejar de sonreír.

Fuimos al jardín, en donde encontramos una de esas hamacas mecedoras. Ya podía imaginar lo hermoso que sería ver todas las noches la luna desde ese lugar.
-¿Podemos vivir aquí?
-Claro, está todo arreglado.
Mi sonrisa desapareció al instante, y bajé la cabeza para que no vieras mi rostro. Pero, fue inútil. Puedes saber lo que siento con solo tocar mi mano.
-Era solo un anciano. Vivía solo y no tenía familiares. Me ocupé de averiguarlo a fondo para no volver a tener problemas. Y no sintió absolutamente nada, como te lo había prometido.
Mi sonrisa volvió a emerger. Sólo tú puedes hacerme cambiar de ánimo en segundos.
-Gracias…
Nos acomodamos en la hamaca, meciéndonos suavemente. Sentí tus dedos en mi cuello y un escalofrío recorrió mi espalda. Cerré los ojos y tu frío aliento rozó mi piel, erizándola.
No pude evitar emitir un leve quejido de dolor, aún no me acostumbro a ese ritual, en donde te ofrezco mi ser, mi esencia, mi vida…
Acaricio con ternura tus cabellos, para asegurarte que estoy bien, que puedes seguir. El dolor ha desaparecido, no siento absolutamente nada, excepto el contacto de tus labios, moviéndose con cuidado.
Poco a poco me voy a adormeciendo, y es cuando te detienes. Besas el lugar de la herida, que no tardará en cerrarse sin dejar cicatriz  y vuelves a acomodarme entre tus brazos.
-¿Quieres ir a la habitación?
-No. La noche es tan hermosa… No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una luna tan grande…
-Es verdad.
-Espero que podamos quedarnos aquí por siempre…- bostezo, acurrucándome. Lo último que siento antes de quedarme dormido, es tu voz grave en mi oído:

-Así será…

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Feliz Año Nuevo

Era la primera vez que pasaría “esa” noche en su departamento. Había sido un año tranquilo y su jefe había insistido en que se tomara “el día libre”. Después de todo, era un trabajador eficiente y servicial, se merecía pasar la velada con sus seres queridos.
Esas habían sido las palabras de su jefe, pero… la verdad era que no había “seres queridos”. Bueno, en realidad si lo habían, pero estaban demasiado lejos y el viaje era costoso.
Y no había tenido tiempo de avisarles ni organizarse para ir.
¿A quién quería engañar? La verdad era que no quería verlos.
Amaba a su familia, pero estaba tan acostumbrado a estar solo, que el sólo pensar en pasar una jornada con gente alborotada a su alrededor le crispaba los nervios.
Los años lo habían convertido en una persona huraña e introvertida. Y sabía que, tarde o temprano, se convertiría en un anciano insoportable.
Se jubilaría y pasaría el resto de su vida meciéndose en un sillón, mirando a través de la ventana, con un perro a sus pies.
No, un perro no. Era demasiada responsabilidad y además, era alérgico al pelo. Tal vez un gato.
O tal vez se contentaría con arrojar migajas de pan a las palomas que se acercaran a su ventana.
Si, eso sería genial.
Encendió el televisor, buscando alguna película para acompañar el sándwich de pollo frío. Puras películas festivas, llenas de gente sonriente y alegre.
El mundo parecía echarle en cara su felicidad.
No es que lo molestara, en realidad le daba lo mismo. Sólo necesitaba escuchar un poco de ruido que tapara el silencio del departamento.
No había dado ni dos mordidas cuando recibió un mensaje en su celular.
-“Llego en quince minutos. Quiero chocolate caliente con malvaviscos”
Abrió los ojos con asombro. Ni por asomo esperaba recibir un mensaje como ese. Y menos de él.
Ni siquiera se dignó a responder, sabía que no importaría que dijera, ese sujeto era terriblemente terco y no lo podría disuadir de venir. Así que se levantó a cumplir con el pedido.
Pero, no habían pasado ni cinco minutos, cuando escuchó el timbre sonar varias veces.
-¿Mi chocolate está listo?
-Dijiste quince minutos.
-Buuuu, estoy helado. Odio el invierno, odio la nieve.
-¿Cómo no vas a congelarte llevando sólo esa chaqueta de cuero?
-No me gusta abrigarme hasta morir con esos estúpidos suéteres de renos y pinos. Y las bufandas me sacan alergias.
El parloteo lo siguió hasta la cocina y no paró hasta que volvieron a la sala, acomodándose en el sofá. Estaba acostumbrado a su voz, y no le molestaba. Es más, le daba una extraña tranquilidad.
-¿No deberías estar esta noche con tu familia?
El joven dio el primer sorbo a su chocolate y sonrió con satisfacción, para luego contestar:
-Pasé Navidad con ellos. Además, sabía que estarías solo y deprimido.
-No estoy deprimido.
-Estabas a punto de comer un sándwich frío. Si eso no es depresión, no sé lo que es.
-Es tu punto de vista.
-Mamá trajo a su nuevo novio a casa- exclamó, luego de varios minutos de silencio- Si ese tipo viene a vivir con ella, me voy al demonio.
-Sabes que puedes quedarte aquí. Tienes la llave… aunque nunca la usas y seguramente estará perdida en algún lugar de tu habitación.
-No es cierto. Está en mi llavero especial, ¿lo ves?- respondió sacando de su bolsillo el susodicho elemento.
-Entonces, ¿por qué siempre tocas el timbre de esa manera escandalosa????
-Porque así sabes que soy yo y no te interrumpo en ninguna acción vergonzosa- rió.
-Si, claro… sobre todo eso… Pero, hablando en serio, sabes que aquí…
-Si, si, ya lo sé. ¿Por qué crees que estoy acá? Ahora déjame terminar mi chocolate.
Ambos fijaron la vista en la televisión, que en ese momento mostraba el centro de la ciudad repleto de gente. La pantalla mostró la cuenta regresiva y, al llegar a cero, estallaron en gritos de alegría.
La habitación se iluminó por las luces de los fuegos artificiales del exterior. Por casi un minuto, todo fue una explosión de colores y destellos.
-Feliz Año Nuevo- escuchó en su oído. No sabía cómo, pero el joven se había acomodado a su lado y su rostro casi rozaba el suyo.
-Estás helado- fue lo único que atinó a decir. Nunca había sido bueno para expresar sus emociones. Pero el chico sonrió, volviendo a concentrarse en su bebida.
-Si quieres, mañana puedo hacer panqueques con dulce de leche para desayunar.
-¡Si!! Sólo… no te despiertes tan temprano. Escuchar tus pasos desde las siete de la mañana me desespera.
-Cómo si escucharas algo dentro en ese estado de coma que caes cada vez que tocas la cama- rió, aprovechando para colocar su brazo alrededor del hombro del chico.
-Mi subconsciente lo escucha. Es un día festivo, durmamos hasta el mediodía. Será un “desayumerzo”.
Rió con ganas, mientras seguía escuchando las disparatadas ideas para el menú del día siguiente, al tiempo que pensaba lo bien que estaba comenzando el año.
Si… los años lo habían convertido en una persona huraña e introvertida. Y sabía que, tarde o temprano, se convertiría en un anciano insoportable.
Pero, tal vez, sólo tal vez, tendría a su lado a esa personita capaz de entender su humor y sus momentos. Que rompiera su silencio e inundara su soledad con su parloteo interminable.
Tal vez… ¿quién podría asegurarlo?
Mientras tanto, sólo había una cosa por hacer. Así que inspiró profundo, para darse valor.
-Feliz Año Nuevo-murmuró y, sin pensar dos veces, depositó un suave beso en los labios del joven.

FIN

Corrientes, 29 de diciembre de 2015 

jueves, 15 de octubre de 2015

A las cuatro de la mañana

Escrito originalmente un 1 de febrero de 2012



Yacía acostado cual largo era en su cama, seguramente sería  cerca de las cuatro de la mañana y debía levantarse exactamente en… ¿3 horas?
-Demonios…- alcanzó a murmurar, pero aún así no hizo el mínimo intento de conciliar el sueño.
¿Para qué? Seguramente rodaría una y otra vez sobre la cama, hasta abrir nuevamente los ojos. Se odiaba cuando estaba en aquel estúpido modo melancólico.
Se odiaba al mostrarse tan débil, tan… solo.
¿Acaso no proclamaba siempre que estaba mejor así? ¿Qué no necesitaba a nadie en su vida?
Y era así… excepto en esos momentos… en el que se encontraba en ese mismo instante.
Débil… sólo era un débil e inútil ser que se vivía contradiciendo.
Que aparentaba ser fuerte, seguro…

-Eres un idiota-

-Claro, para ti es fácil decirlo- murmuró, con ironía- Tú no estás en mi lugar, sólo eres la molesta voz dentro mío.

-¿Por qué no dejas de una vez la maldita máscara? ¡En este momento estás solo, idiota! ¿A quién quieres seguir engañando?-

Era verdad. No había nadie más en esa habitación. ¿Por qué le costaba tanto llorar entonces? ¿Acaso estaba tan acostumbrado a fingir que olvidaba quién era aún estando solo?

No se arrepentía en absoluto de la decisión que había tomado. La mantenía, y volvería hacer lo mismo una y otra vez sin dudarlo. Eran sus principios, no se podía quedar callado ante una situación que creía inaguantable.
Sabía que desataría un torbellino, estaba preparado. Recibió los ataques con una seguridad increíble, sin inmutarse. Fuerte… seguro…

Pero, le había dolido. Y mucho. Ya no recordaba cuándo había sido atacado así la última vez. O… al contrario, lo recordaba demasiado bien. Hace cuatro años… ese recuerdo que se mantenía vivo como una herida que aún sangraba, y que lo había hecho tambalear como nunca antes.
Pero, se recuperó, y lo haría ahora también. Se levantaría demostrando que nada podía herirlo… aunque…

Aunque…

-Eres un idiota. ¿Cómo quieres que sepan qué estás mal si vives fingiendo?-

Bingo.
Pero, no podía mostrarse lastimado. Era verse débil ante los que lo habían lastimado. Era dejar ver sus defensas bajas, mostrar debilidad.
No se podía dar ese lujo.

-¿Ni siquiera ante tus amigos?-

¿Amigos? ¿Cuáles amigos? Mis amigos están lejos y no pueden venir a verme, no pueden darme el abrazo que tanto necesito…

-Idiota-

Si… soy un idiota que espera solo en su habitación que alguien mágicamente aparezca para animarlo. Un idiota orgulloso, que seguramente se quedará solo toda la vida por querer mostrarse invulnerable.

-¿Tan difícil es decir: me siento mal?-

¡Si! Si… además, si son mis verdaderos amigos deberían saber cuando estoy mal… deberían sentirlo, ¿no?

No hubo respuesta. Y supo porqué. ¿Quién podría descifrar la verdad bajo tantas máscaras?  Se esforzaba tanto en ocultar sus emociones, se había vuelto un experto. Y se sentía orgulloso. Era su virtud principal. Nadie nunca lo vería derrotado, nadie lo vería llorar ni pedir ayuda.

Nadie… podría venir a darle ese abrazo que tanto necesitaba.

-¿Tan difícil es decir: me siento mal?-

Una melodía comenzó a sonar, bajita, como un susurro. Una melodía dulce, tierna, envolvente…

Su cuerpo comenzó a temblar, las lágrimas comenzaron a salir, primero unas cuantas, para luego convertirse en un llanto desesperado. Se abrazó a si mismo, pensando cuánto necesitaba a alguien que le diera ese abrazo.
Tomó el celular, dudando… ¿y si…?

-“No escribo, pero estoy escuchando la radio… no me siento muy bien de ánimo, mañana te cuento. Tu música es muy tranquilizante”-garabateó, enviando el mensaje poco después. Esperando…

Se había animado. A pedir ayuda, aún a lo lejos. Aún sabiendo que no podría venir a darle ese abrazo que tanto necesitaba.

Y pronto recibió la respuesta.
“Te mando un abrazote ><”

Un abrazo. Justo lo que necesitaba en ese momento. Sólo eso. Un abrazo, y saber que alguien a lo lejos sabía que se sentía mal.

La música lente ahora era una melodía alegre, que lo hizo reír a través de las lágrimas. Lloró un poco más, sabía que lo necesitaba.

-Vaya… es un avance… que con alguien seas capaz de bajar tu estúpida barrera-

 Un avance… un gran avance… ya lo creo que lo era.
Porque a la distancia, alguien  le estaba haciendo compañía…

FIN


PD: bueno, algo así es como me siento. No me preguntes porqué me refiero a mi misma como un hombre. Supongo que debe ser algo como lo que me dijiste una vez, que no te gustaba cantar en español porque era demasiado personal.

De repente me entraron de escribir esto y mandártelo. Agradeciéndote ese abrazo a la distancia. Agradecerte que me hayas hecho llorar de una maldita vez.
Gracias por estar siempre.
Si, seguramente en otra vida hayamos sido animalitos hermanos que se pasaban acostados en el pastito, sintiendo el viento bajo el sol… y roncando jaja.



A veces, el mundo cansa...

Hace dos o tres años que noto que llega esta época del mes y siento que no tengo ganas de nada. Me canso rápido, llego a casa pensando en mil cosas para hacer… pero llego y lo único que hago es preparar mate y tirarme por ahí.
Y se hacen las diez de la noche y no puedo más del sueño.
Pensaba que era por el hipotiroidismo (y tal vez sea en parte por eso), pero estos  últimos días he tenido que tomar pastillas para el dolor de cabeza y eso no es bueno.
Y fue cuando comencé a replantearme la raíz del problema. Y esta tarde llegué a la respuesta: me canso por aguantar a tanta gente inoperante y me canso de romperme el lomo para que todo salga bien en el trabajo mientras otros se toman todo a la ligera.
Y lo que me da más bronca es que somos docentes, docentes que tenemos la tarea, importantísima tarea, de formar futuros profesionales. Y uno quiere dar lo mejor, porque las palabras, actos o decisiones que se tome frente a la clase, puede repercutir en la vida de un alumno para siempre.
Si, así de serio me tomo mi trabajo.
Y me enoja muchísimo que otros no lo tomen así, que no respeten su trabajo y no respeten a sus alumnos.
Y me cansa ponerme en los hombros más responsabilidades de las que me corresponden. Y me cansa aún más no poder solucionar el problema.
Y son 5 años viviendo lo mismo, una y otra vez. Sabiendo que no puedo hacer nada, que tengo que seguir soportando inoperancias.

Eso es lo que me cansa… pero aún así seguiré haciendo mi trabajo lo mejor que pueda. Espero que el año que viene cambien muchas cosas.

miércoles, 24 de junio de 2015

20 cosas que bla bla bla...

1-La gente no lo cree, pero realmente no sé hacer cálculos, por más simples que sean.

2-Nunca pensé que terminaría siendo profesora. Yo quería trabajar en el Amazonas jaja.

3-No quiero tener hijos. Pero, más adelante, me gustaría adoptar a dos chicos de más de 8 años.

4-Cuando mi familia se enteró que quería ser veterinaria, me lo prohibió. Por eso fui a inscribirme sola.

5-Mi primer trabajo fue en una parrilla, como  ayudante de cocina. Con mi primer sueldo me compré mi primer instrumental de cirugía.

6-Cuando era chica, escuché a mis padres hablar con unos amigos y decir que no sabían que habían hecho mal para que yo haya salido como salí.

7-Sé que mis padres no aceptan como soy, y eso duele. Pero, aún así, nos queremos y tratamos de llevarnos lo mejor que podemos.

8-Si me dieran elegir que cambiar de mí, elegiría poder cantar bien.

9- Odié la adolescencia. Odié la secundaria, excepto porque ahí conocí a la primera chica que me gustó. Gracias a ella, hoy soy investigadora.  

10-Me cuesta horrores pedir ayuda. O decir que estoy mal. Hasta ahora, sólo dos personas pueden leer y saber cómo me siento: mi hermana y Guido.

11-Me fascinan las cremas, tengo un montón, aunque siempre me olvido de usarlas xD

12-Realmente me sentiré libre cuando vaya a vivir sola el año que viene. Mientras tanto, hay muchos sentimientos que tengo guardados en mí y que no estoy segura de decirlos aún.

13-Soy muy posesiva, extremadamente posesiva, pero trato de ocultarlo.

14-Cometí verdaderos horrores con mis noviazgos. Aún así, no me arrepiento de ninguno. Con todos aprendí… de mala manera, pero aprendí.

15-Me gusta mirarme en toda superficie que refleje.

16-Tengo periodos en que quiero quedarme acostada durante días sin que nadie me moleste.  

17-Sería muy feliz si viviera en un lugar con temperaturas de 30ºC todo el año.

18-Necesito tener siempre a mano dos cosas: un reloj y un calendario.

19-Hay personas que pueden hacer que haga lo que quieran. Por suerte para mí, son muy pocas jaja


20-Me da terror llegar a vieja y tener que depender de otras personas.

Corazones...

Lo escribí en el año 2011, pero aún hoy, sigue teniendo vigencia.
Sólo puedo decir que, cuando lo escribí, me sentía identificada con un corazón. Y hoy, con otro.
Y estoy muy feliz con ese cambio...


Corazón enamorado

Pareces flotar en nubes de algodón. Ríes sin motivo, tus ojos brillan.
Eres joven, aunque seas viejo, porque el amor te quitó años sin que te dieras cuenta.
Lates al son de otro corazón, vives al son de otro corazón.
Has cambiado, Él te ha cambiado.
Disfrutas, esperas…
Sufres…
Porque el amor también te ha mostrado la otra parte de ti mismo, la parte más difícil de controlar.
¿Cuántas veces te has dejado ganar por esos diablitos llamados celos? Ya has perdido la cuenta.
Pobre corazón… prepárate. Cuanto más ames, más dudas tendrás.
Más miedos.
Pero, solo bastará una palabra, el sonido de su voz, un beso, y todo estará bien nuevamente.
Aprende a confiar, corazón
Y sigue enamorado por siempre…


Corazón ilusionado

Ah… tienes tantas emociones juntas al mismo tiempo, que ya no sabes como actuar. A tu alrededor, todos te dicen que estás distraído, te preguntan si te pasa algo malo.
Que dejes de soñar.
Si supieran…
Si supieran que vives esperando la llave que abra la puerta del paraíso.
Las sonrisas ya no te bastan, necesitas ese beso.
Y ya no sabes como hacer para que se de cuenta que te mueres por estar a su lado.
Pobrecito corazón, tan estrujado de angustia, tan lleno de esperanzas.
Suspirando por ese momento de ensueño, que a veces parece tan cercano… para luego esfumarse en un instante.
Te pasas las noches llorando, y los días construyendo tus castillitos de arena.
Oye, corazón… ¿Y si tú das el primer paso?
“¿Y si fallo?”- me preguntas.
¿Y si ganas?- te contesto.


Corazón amante

Han pasado los años y sigues tan enamorado como el primer día. Eres fuerte a su lado, construyeron su propio castillo, granito a granito.
Superaron las dificultades, gigantes al principio.
Tenían todo en contra.
Pero, no les importó. Pusieron los prejuicios al hombro y remaron contra la corriente.
Y les demostraron a todos que el amor vence todas las dificultades.
Solo ustedes, corazones valientes, saben lo que tuvieron que pasar.
Ahora, laten al mismo ritmo, respiran el mismo aire. Son dos en uno.
De vez en cuando surgen problemas… ¿quién no los tiene?
Pero se conocen tanto, que no tarda en llegar la reconciliación, que es tan dulce que a veces vale la pena pelearse para llegar a ella.
Corazones que tienen toda una vida por delante.
Saben que aún quedan problemas. Muchos. Pero, están dispuestos a seguir luchando, pase lo que pase.
Porque el hilo rojo que los ha unido, no se desatará jamás.


Corazón lastimado

Comenzaste como un cuento de hadas, en donde todo era mágico y perfecto.
Lo diste todo, sin dudar, confiando en aquel que te prometió mil estrellas.
Y un día, te dejó lastimándote de la peor manera, dejándote sin fuerzas, sin ganas.
Corazoncito que se quedó sin lágrimas de tanto llorar. Ahora tienes tanto miedo…
Te preguntas si vale la pena arriesgarse tanto…
Estás enojado, herido, humillado.
No te preocupes, corazón. Se fuerte.
Aunque duela mucho, no te des por vencido.
Levanta la cabeza, sube los ojos al cielo. Vales demasiado para bajar los brazos.
Tu sonrisa será el sol de otro corazón, Él te está buscando en este momento.
¿Cómo podrá encontrarte si te escondes?
¡Seca tus lágrimas y ponte de pie! No mereces sufrir por quien te hizo tanto daño.
Llegará tu momento.
Te lo prometo.
“¿Cómo?”
De la manera que menos lo imaginas.
“¿Cuándo?”
Cuando menos lo esperes.
“¿Dónde?”
Donde Él encuentre tu sonrisa iluminándole el camino.


Corazón amargado

Fuiste lastimado y les diste la espalda a todos. Preferiste ocultarte en tu tristeza y en tu dolor.
Y ahora… ha pasado tanto, tanto tiempo… que ya no sabes como latir.
Y te enferma ver felices a otros. Detestas su felicidad, porque sabes que no puedes tenerla.
Si tan solo te dieras cuenta que aún es posible…
Pero, estás tan encerrado en tu escudo, que no escuchas a nadie, no ves a nadie.
No sientes a nadie.
Tú y tu sombra, única compañera en tu soledad que sigue lastimándote.
Y sigues sangrando en silencio, llorando en silencio.
Pidiendo a gritos mudos que alguien venga a rescatarte.
Pero nadie te escucha…
Y así sigue solo… escondido… latiendo cada vez más despacio.

Esperando…

jueves, 21 de enero de 2016

Aviso

Queridos amigos que me acompañaron desde el comienzo:
en muy poco tiempo voy a estar borrando este blog y todos los grupos de facebook. No, no se asusten, porque es por una muy buena razón. Se está formando una página. No un blog, una verdadera página, que tendrá a su vez una página de facebook propia y un twitter. 
Guido me está dando una mano enorme diseñando todo y en muy poco tiempo la nueva página verá la luz.
TODO lo que he escrito en estos años estará allá, absolutamente todo.
Es hora de tomarme en serio y ordenar las historias como se lo merecen.
La página ya está creada, pero se está subiendo todo de a poquito. Ni bien esté terminada toda chuchi chuchi, pondré el link y luego, borraré este blog.
Muchas gracias por acompañarme estos años y espero que sigan estando conmigo en este nuevo emprendimiento <3 span="">

sábado, 2 de enero de 2016

Vorwort (Epílogo)

No tuve la necesidad de que hablaras para saber que habías regresado. Reconozco el sonido de tus pasos, inaudibles a los oídos normales. Puedo vislumbrar el brillo de tus ojos, aún cuando todo a mi alrededor está en penumbras. Pero, sobre todo, puedo sentir tu presencia.
Te espero en silencio, aguardando el momento en que me llegues a mi lado. La espera de tres horas se hizo eterna, no me gusta estar lejos de ti.
Y sé que sientes lo mismo, por la forma en que me abrazaste, apretándome contra tu pecho.
-Lo encontré. Y está muy cerca de aquí.
Es todo lo que dices. Y, casi sin separarnos, comenzamos a caminar por la calle solitaria, hasta llegar frente a una pequeña casa, cuyas paredes están cubiertas por musgo y enredaderas.
Sonrío.
-¿Qué te parece?
-Me gusta mucho.
-Es pequeña, pero nos servirá. Ven a verla por dentro…
Muy pocos muebles, una chimenea, libros… Si, era bastante pequeña, pero me pareció perfecta. No podía dejar de sonreír.

Fuimos al jardín, en donde encontramos una de esas hamacas mecedoras. Ya podía imaginar lo hermoso que sería ver todas las noches la luna desde ese lugar.
-¿Podemos vivir aquí?
-Claro, está todo arreglado.
Mi sonrisa desapareció al instante, y bajé la cabeza para que no vieras mi rostro. Pero, fue inútil. Puedes saber lo que siento con solo tocar mi mano.
-Era solo un anciano. Vivía solo y no tenía familiares. Me ocupé de averiguarlo a fondo para no volver a tener problemas. Y no sintió absolutamente nada, como te lo había prometido.
Mi sonrisa volvió a emerger. Sólo tú puedes hacerme cambiar de ánimo en segundos.
-Gracias…
Nos acomodamos en la hamaca, meciéndonos suavemente. Sentí tus dedos en mi cuello y un escalofrío recorrió mi espalda. Cerré los ojos y tu frío aliento rozó mi piel, erizándola.
No pude evitar emitir un leve quejido de dolor, aún no me acostumbro a ese ritual, en donde te ofrezco mi ser, mi esencia, mi vida…
Acaricio con ternura tus cabellos, para asegurarte que estoy bien, que puedes seguir. El dolor ha desaparecido, no siento absolutamente nada, excepto el contacto de tus labios, moviéndose con cuidado.
Poco a poco me voy a adormeciendo, y es cuando te detienes. Besas el lugar de la herida, que no tardará en cerrarse sin dejar cicatriz  y vuelves a acomodarme entre tus brazos.
-¿Quieres ir a la habitación?
-No. La noche es tan hermosa… No recuerdo cuándo fue la última vez que vi una luna tan grande…
-Es verdad.
-Espero que podamos quedarnos aquí por siempre…- bostezo, acurrucándome. Lo último que siento antes de quedarme dormido, es tu voz grave en mi oído:

-Así será…

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Feliz Año Nuevo

Era la primera vez que pasaría “esa” noche en su departamento. Había sido un año tranquilo y su jefe había insistido en que se tomara “el día libre”. Después de todo, era un trabajador eficiente y servicial, se merecía pasar la velada con sus seres queridos.
Esas habían sido las palabras de su jefe, pero… la verdad era que no había “seres queridos”. Bueno, en realidad si lo habían, pero estaban demasiado lejos y el viaje era costoso.
Y no había tenido tiempo de avisarles ni organizarse para ir.
¿A quién quería engañar? La verdad era que no quería verlos.
Amaba a su familia, pero estaba tan acostumbrado a estar solo, que el sólo pensar en pasar una jornada con gente alborotada a su alrededor le crispaba los nervios.
Los años lo habían convertido en una persona huraña e introvertida. Y sabía que, tarde o temprano, se convertiría en un anciano insoportable.
Se jubilaría y pasaría el resto de su vida meciéndose en un sillón, mirando a través de la ventana, con un perro a sus pies.
No, un perro no. Era demasiada responsabilidad y además, era alérgico al pelo. Tal vez un gato.
O tal vez se contentaría con arrojar migajas de pan a las palomas que se acercaran a su ventana.
Si, eso sería genial.
Encendió el televisor, buscando alguna película para acompañar el sándwich de pollo frío. Puras películas festivas, llenas de gente sonriente y alegre.
El mundo parecía echarle en cara su felicidad.
No es que lo molestara, en realidad le daba lo mismo. Sólo necesitaba escuchar un poco de ruido que tapara el silencio del departamento.
No había dado ni dos mordidas cuando recibió un mensaje en su celular.
-“Llego en quince minutos. Quiero chocolate caliente con malvaviscos”
Abrió los ojos con asombro. Ni por asomo esperaba recibir un mensaje como ese. Y menos de él.
Ni siquiera se dignó a responder, sabía que no importaría que dijera, ese sujeto era terriblemente terco y no lo podría disuadir de venir. Así que se levantó a cumplir con el pedido.
Pero, no habían pasado ni cinco minutos, cuando escuchó el timbre sonar varias veces.
-¿Mi chocolate está listo?
-Dijiste quince minutos.
-Buuuu, estoy helado. Odio el invierno, odio la nieve.
-¿Cómo no vas a congelarte llevando sólo esa chaqueta de cuero?
-No me gusta abrigarme hasta morir con esos estúpidos suéteres de renos y pinos. Y las bufandas me sacan alergias.
El parloteo lo siguió hasta la cocina y no paró hasta que volvieron a la sala, acomodándose en el sofá. Estaba acostumbrado a su voz, y no le molestaba. Es más, le daba una extraña tranquilidad.
-¿No deberías estar esta noche con tu familia?
El joven dio el primer sorbo a su chocolate y sonrió con satisfacción, para luego contestar:
-Pasé Navidad con ellos. Además, sabía que estarías solo y deprimido.
-No estoy deprimido.
-Estabas a punto de comer un sándwich frío. Si eso no es depresión, no sé lo que es.
-Es tu punto de vista.
-Mamá trajo a su nuevo novio a casa- exclamó, luego de varios minutos de silencio- Si ese tipo viene a vivir con ella, me voy al demonio.
-Sabes que puedes quedarte aquí. Tienes la llave… aunque nunca la usas y seguramente estará perdida en algún lugar de tu habitación.
-No es cierto. Está en mi llavero especial, ¿lo ves?- respondió sacando de su bolsillo el susodicho elemento.
-Entonces, ¿por qué siempre tocas el timbre de esa manera escandalosa????
-Porque así sabes que soy yo y no te interrumpo en ninguna acción vergonzosa- rió.
-Si, claro… sobre todo eso… Pero, hablando en serio, sabes que aquí…
-Si, si, ya lo sé. ¿Por qué crees que estoy acá? Ahora déjame terminar mi chocolate.
Ambos fijaron la vista en la televisión, que en ese momento mostraba el centro de la ciudad repleto de gente. La pantalla mostró la cuenta regresiva y, al llegar a cero, estallaron en gritos de alegría.
La habitación se iluminó por las luces de los fuegos artificiales del exterior. Por casi un minuto, todo fue una explosión de colores y destellos.
-Feliz Año Nuevo- escuchó en su oído. No sabía cómo, pero el joven se había acomodado a su lado y su rostro casi rozaba el suyo.
-Estás helado- fue lo único que atinó a decir. Nunca había sido bueno para expresar sus emociones. Pero el chico sonrió, volviendo a concentrarse en su bebida.
-Si quieres, mañana puedo hacer panqueques con dulce de leche para desayunar.
-¡Si!! Sólo… no te despiertes tan temprano. Escuchar tus pasos desde las siete de la mañana me desespera.
-Cómo si escucharas algo dentro en ese estado de coma que caes cada vez que tocas la cama- rió, aprovechando para colocar su brazo alrededor del hombro del chico.
-Mi subconsciente lo escucha. Es un día festivo, durmamos hasta el mediodía. Será un “desayumerzo”.
Rió con ganas, mientras seguía escuchando las disparatadas ideas para el menú del día siguiente, al tiempo que pensaba lo bien que estaba comenzando el año.
Si… los años lo habían convertido en una persona huraña e introvertida. Y sabía que, tarde o temprano, se convertiría en un anciano insoportable.
Pero, tal vez, sólo tal vez, tendría a su lado a esa personita capaz de entender su humor y sus momentos. Que rompiera su silencio e inundara su soledad con su parloteo interminable.
Tal vez… ¿quién podría asegurarlo?
Mientras tanto, sólo había una cosa por hacer. Así que inspiró profundo, para darse valor.
-Feliz Año Nuevo-murmuró y, sin pensar dos veces, depositó un suave beso en los labios del joven.

FIN

Corrientes, 29 de diciembre de 2015 

jueves, 15 de octubre de 2015

A las cuatro de la mañana

Escrito originalmente un 1 de febrero de 2012



Yacía acostado cual largo era en su cama, seguramente sería  cerca de las cuatro de la mañana y debía levantarse exactamente en… ¿3 horas?
-Demonios…- alcanzó a murmurar, pero aún así no hizo el mínimo intento de conciliar el sueño.
¿Para qué? Seguramente rodaría una y otra vez sobre la cama, hasta abrir nuevamente los ojos. Se odiaba cuando estaba en aquel estúpido modo melancólico.
Se odiaba al mostrarse tan débil, tan… solo.
¿Acaso no proclamaba siempre que estaba mejor así? ¿Qué no necesitaba a nadie en su vida?
Y era así… excepto en esos momentos… en el que se encontraba en ese mismo instante.
Débil… sólo era un débil e inútil ser que se vivía contradiciendo.
Que aparentaba ser fuerte, seguro…

-Eres un idiota-

-Claro, para ti es fácil decirlo- murmuró, con ironía- Tú no estás en mi lugar, sólo eres la molesta voz dentro mío.

-¿Por qué no dejas de una vez la maldita máscara? ¡En este momento estás solo, idiota! ¿A quién quieres seguir engañando?-

Era verdad. No había nadie más en esa habitación. ¿Por qué le costaba tanto llorar entonces? ¿Acaso estaba tan acostumbrado a fingir que olvidaba quién era aún estando solo?

No se arrepentía en absoluto de la decisión que había tomado. La mantenía, y volvería hacer lo mismo una y otra vez sin dudarlo. Eran sus principios, no se podía quedar callado ante una situación que creía inaguantable.
Sabía que desataría un torbellino, estaba preparado. Recibió los ataques con una seguridad increíble, sin inmutarse. Fuerte… seguro…

Pero, le había dolido. Y mucho. Ya no recordaba cuándo había sido atacado así la última vez. O… al contrario, lo recordaba demasiado bien. Hace cuatro años… ese recuerdo que se mantenía vivo como una herida que aún sangraba, y que lo había hecho tambalear como nunca antes.
Pero, se recuperó, y lo haría ahora también. Se levantaría demostrando que nada podía herirlo… aunque…

Aunque…

-Eres un idiota. ¿Cómo quieres que sepan qué estás mal si vives fingiendo?-

Bingo.
Pero, no podía mostrarse lastimado. Era verse débil ante los que lo habían lastimado. Era dejar ver sus defensas bajas, mostrar debilidad.
No se podía dar ese lujo.

-¿Ni siquiera ante tus amigos?-

¿Amigos? ¿Cuáles amigos? Mis amigos están lejos y no pueden venir a verme, no pueden darme el abrazo que tanto necesito…

-Idiota-

Si… soy un idiota que espera solo en su habitación que alguien mágicamente aparezca para animarlo. Un idiota orgulloso, que seguramente se quedará solo toda la vida por querer mostrarse invulnerable.

-¿Tan difícil es decir: me siento mal?-

¡Si! Si… además, si son mis verdaderos amigos deberían saber cuando estoy mal… deberían sentirlo, ¿no?

No hubo respuesta. Y supo porqué. ¿Quién podría descifrar la verdad bajo tantas máscaras?  Se esforzaba tanto en ocultar sus emociones, se había vuelto un experto. Y se sentía orgulloso. Era su virtud principal. Nadie nunca lo vería derrotado, nadie lo vería llorar ni pedir ayuda.

Nadie… podría venir a darle ese abrazo que tanto necesitaba.

-¿Tan difícil es decir: me siento mal?-

Una melodía comenzó a sonar, bajita, como un susurro. Una melodía dulce, tierna, envolvente…

Su cuerpo comenzó a temblar, las lágrimas comenzaron a salir, primero unas cuantas, para luego convertirse en un llanto desesperado. Se abrazó a si mismo, pensando cuánto necesitaba a alguien que le diera ese abrazo.
Tomó el celular, dudando… ¿y si…?

-“No escribo, pero estoy escuchando la radio… no me siento muy bien de ánimo, mañana te cuento. Tu música es muy tranquilizante”-garabateó, enviando el mensaje poco después. Esperando…

Se había animado. A pedir ayuda, aún a lo lejos. Aún sabiendo que no podría venir a darle ese abrazo que tanto necesitaba.

Y pronto recibió la respuesta.
“Te mando un abrazote ><”

Un abrazo. Justo lo que necesitaba en ese momento. Sólo eso. Un abrazo, y saber que alguien a lo lejos sabía que se sentía mal.

La música lente ahora era una melodía alegre, que lo hizo reír a través de las lágrimas. Lloró un poco más, sabía que lo necesitaba.

-Vaya… es un avance… que con alguien seas capaz de bajar tu estúpida barrera-

 Un avance… un gran avance… ya lo creo que lo era.
Porque a la distancia, alguien  le estaba haciendo compañía…

FIN


PD: bueno, algo así es como me siento. No me preguntes porqué me refiero a mi misma como un hombre. Supongo que debe ser algo como lo que me dijiste una vez, que no te gustaba cantar en español porque era demasiado personal.

De repente me entraron de escribir esto y mandártelo. Agradeciéndote ese abrazo a la distancia. Agradecerte que me hayas hecho llorar de una maldita vez.
Gracias por estar siempre.
Si, seguramente en otra vida hayamos sido animalitos hermanos que se pasaban acostados en el pastito, sintiendo el viento bajo el sol… y roncando jaja.



A veces, el mundo cansa...

Hace dos o tres años que noto que llega esta época del mes y siento que no tengo ganas de nada. Me canso rápido, llego a casa pensando en mil cosas para hacer… pero llego y lo único que hago es preparar mate y tirarme por ahí.
Y se hacen las diez de la noche y no puedo más del sueño.
Pensaba que era por el hipotiroidismo (y tal vez sea en parte por eso), pero estos  últimos días he tenido que tomar pastillas para el dolor de cabeza y eso no es bueno.
Y fue cuando comencé a replantearme la raíz del problema. Y esta tarde llegué a la respuesta: me canso por aguantar a tanta gente inoperante y me canso de romperme el lomo para que todo salga bien en el trabajo mientras otros se toman todo a la ligera.
Y lo que me da más bronca es que somos docentes, docentes que tenemos la tarea, importantísima tarea, de formar futuros profesionales. Y uno quiere dar lo mejor, porque las palabras, actos o decisiones que se tome frente a la clase, puede repercutir en la vida de un alumno para siempre.
Si, así de serio me tomo mi trabajo.
Y me enoja muchísimo que otros no lo tomen así, que no respeten su trabajo y no respeten a sus alumnos.
Y me cansa ponerme en los hombros más responsabilidades de las que me corresponden. Y me cansa aún más no poder solucionar el problema.
Y son 5 años viviendo lo mismo, una y otra vez. Sabiendo que no puedo hacer nada, que tengo que seguir soportando inoperancias.

Eso es lo que me cansa… pero aún así seguiré haciendo mi trabajo lo mejor que pueda. Espero que el año que viene cambien muchas cosas.

miércoles, 24 de junio de 2015

20 cosas que bla bla bla...

1-La gente no lo cree, pero realmente no sé hacer cálculos, por más simples que sean.

2-Nunca pensé que terminaría siendo profesora. Yo quería trabajar en el Amazonas jaja.

3-No quiero tener hijos. Pero, más adelante, me gustaría adoptar a dos chicos de más de 8 años.

4-Cuando mi familia se enteró que quería ser veterinaria, me lo prohibió. Por eso fui a inscribirme sola.

5-Mi primer trabajo fue en una parrilla, como  ayudante de cocina. Con mi primer sueldo me compré mi primer instrumental de cirugía.

6-Cuando era chica, escuché a mis padres hablar con unos amigos y decir que no sabían que habían hecho mal para que yo haya salido como salí.

7-Sé que mis padres no aceptan como soy, y eso duele. Pero, aún así, nos queremos y tratamos de llevarnos lo mejor que podemos.

8-Si me dieran elegir que cambiar de mí, elegiría poder cantar bien.

9- Odié la adolescencia. Odié la secundaria, excepto porque ahí conocí a la primera chica que me gustó. Gracias a ella, hoy soy investigadora.  

10-Me cuesta horrores pedir ayuda. O decir que estoy mal. Hasta ahora, sólo dos personas pueden leer y saber cómo me siento: mi hermana y Guido.

11-Me fascinan las cremas, tengo un montón, aunque siempre me olvido de usarlas xD

12-Realmente me sentiré libre cuando vaya a vivir sola el año que viene. Mientras tanto, hay muchos sentimientos que tengo guardados en mí y que no estoy segura de decirlos aún.

13-Soy muy posesiva, extremadamente posesiva, pero trato de ocultarlo.

14-Cometí verdaderos horrores con mis noviazgos. Aún así, no me arrepiento de ninguno. Con todos aprendí… de mala manera, pero aprendí.

15-Me gusta mirarme en toda superficie que refleje.

16-Tengo periodos en que quiero quedarme acostada durante días sin que nadie me moleste.  

17-Sería muy feliz si viviera en un lugar con temperaturas de 30ºC todo el año.

18-Necesito tener siempre a mano dos cosas: un reloj y un calendario.

19-Hay personas que pueden hacer que haga lo que quieran. Por suerte para mí, son muy pocas jaja


20-Me da terror llegar a vieja y tener que depender de otras personas.

Corazones...

Lo escribí en el año 2011, pero aún hoy, sigue teniendo vigencia.
Sólo puedo decir que, cuando lo escribí, me sentía identificada con un corazón. Y hoy, con otro.
Y estoy muy feliz con ese cambio...


Corazón enamorado

Pareces flotar en nubes de algodón. Ríes sin motivo, tus ojos brillan.
Eres joven, aunque seas viejo, porque el amor te quitó años sin que te dieras cuenta.
Lates al son de otro corazón, vives al son de otro corazón.
Has cambiado, Él te ha cambiado.
Disfrutas, esperas…
Sufres…
Porque el amor también te ha mostrado la otra parte de ti mismo, la parte más difícil de controlar.
¿Cuántas veces te has dejado ganar por esos diablitos llamados celos? Ya has perdido la cuenta.
Pobre corazón… prepárate. Cuanto más ames, más dudas tendrás.
Más miedos.
Pero, solo bastará una palabra, el sonido de su voz, un beso, y todo estará bien nuevamente.
Aprende a confiar, corazón
Y sigue enamorado por siempre…


Corazón ilusionado

Ah… tienes tantas emociones juntas al mismo tiempo, que ya no sabes como actuar. A tu alrededor, todos te dicen que estás distraído, te preguntan si te pasa algo malo.
Que dejes de soñar.
Si supieran…
Si supieran que vives esperando la llave que abra la puerta del paraíso.
Las sonrisas ya no te bastan, necesitas ese beso.
Y ya no sabes como hacer para que se de cuenta que te mueres por estar a su lado.
Pobrecito corazón, tan estrujado de angustia, tan lleno de esperanzas.
Suspirando por ese momento de ensueño, que a veces parece tan cercano… para luego esfumarse en un instante.
Te pasas las noches llorando, y los días construyendo tus castillitos de arena.
Oye, corazón… ¿Y si tú das el primer paso?
“¿Y si fallo?”- me preguntas.
¿Y si ganas?- te contesto.


Corazón amante

Han pasado los años y sigues tan enamorado como el primer día. Eres fuerte a su lado, construyeron su propio castillo, granito a granito.
Superaron las dificultades, gigantes al principio.
Tenían todo en contra.
Pero, no les importó. Pusieron los prejuicios al hombro y remaron contra la corriente.
Y les demostraron a todos que el amor vence todas las dificultades.
Solo ustedes, corazones valientes, saben lo que tuvieron que pasar.
Ahora, laten al mismo ritmo, respiran el mismo aire. Son dos en uno.
De vez en cuando surgen problemas… ¿quién no los tiene?
Pero se conocen tanto, que no tarda en llegar la reconciliación, que es tan dulce que a veces vale la pena pelearse para llegar a ella.
Corazones que tienen toda una vida por delante.
Saben que aún quedan problemas. Muchos. Pero, están dispuestos a seguir luchando, pase lo que pase.
Porque el hilo rojo que los ha unido, no se desatará jamás.


Corazón lastimado

Comenzaste como un cuento de hadas, en donde todo era mágico y perfecto.
Lo diste todo, sin dudar, confiando en aquel que te prometió mil estrellas.
Y un día, te dejó lastimándote de la peor manera, dejándote sin fuerzas, sin ganas.
Corazoncito que se quedó sin lágrimas de tanto llorar. Ahora tienes tanto miedo…
Te preguntas si vale la pena arriesgarse tanto…
Estás enojado, herido, humillado.
No te preocupes, corazón. Se fuerte.
Aunque duela mucho, no te des por vencido.
Levanta la cabeza, sube los ojos al cielo. Vales demasiado para bajar los brazos.
Tu sonrisa será el sol de otro corazón, Él te está buscando en este momento.
¿Cómo podrá encontrarte si te escondes?
¡Seca tus lágrimas y ponte de pie! No mereces sufrir por quien te hizo tanto daño.
Llegará tu momento.
Te lo prometo.
“¿Cómo?”
De la manera que menos lo imaginas.
“¿Cuándo?”
Cuando menos lo esperes.
“¿Dónde?”
Donde Él encuentre tu sonrisa iluminándole el camino.


Corazón amargado

Fuiste lastimado y les diste la espalda a todos. Preferiste ocultarte en tu tristeza y en tu dolor.
Y ahora… ha pasado tanto, tanto tiempo… que ya no sabes como latir.
Y te enferma ver felices a otros. Detestas su felicidad, porque sabes que no puedes tenerla.
Si tan solo te dieras cuenta que aún es posible…
Pero, estás tan encerrado en tu escudo, que no escuchas a nadie, no ves a nadie.
No sientes a nadie.
Tú y tu sombra, única compañera en tu soledad que sigue lastimándote.
Y sigues sangrando en silencio, llorando en silencio.
Pidiendo a gritos mudos que alguien venga a rescatarte.
Pero nadie te escucha…
Y así sigue solo… escondido… latiendo cada vez más despacio.

Esperando…